terrazas (las luces)

18 oct. 2015

Henos aquí, testigos del último desastre. Caos y la ciudad arde, burning down, los últimos en salir. Quién te explica lo que acá sucede, rumor vago y gris, se extingue como el humo de tu cigarrillo. Que abandonemos, que escapemos, dejemos todo atrás; deberíamos, sabés que deberíamos (podríamos estar tan bien). Pero desoímos, la verdad es otra, la verdad es nosotros en la terraza de tu departamento. Ya en tierra firme, somos otros: otros cuerpos, otras caras, otras manos… Pero en tu terraza, cerca del cielo y las luces, hay algo parecido a Dios. “¿Qué es Dios?” preguntaste y, seguro, volverás a preguntar. Y hoy, como otras tantas veces, me resigno, te digo que no sé, pero que es algo en los huesos, una lucecita en el fondo del estómago. Risas de los dos, risas cómplices, risas que alguien acalla. Insisto en la visión de la terraza, sabés que ver es claridad, y allá, por encima de todo, somos vigías secretos, un ojo perdido entre otros tantos. Algo así, algo como ángeles temblorosos, una realidad tan horrible. Casi un espejo deformado, sílfides infernales, una tortura florida. 

Lejos del cielo urbano y otras tantas delicias, caen las máscaras. Asoman los verdaderos rostros, mezcla de asombro y rebeldía, duendes valientes que desafían a un sistema inventado. Dignos de una foto, capturar el momento y detenerlo, volverlo a ver (loop infinito, no nos permitamos olvidar). Tout va bien y seguimos, inmersos en un technicolor tan dulce. Nos reconocemos en estas nuevas formas, en el baile de sombras, en esta oscuridad luminosa. Somos jóvenes insatisfechos, en busca de una estrella polar o las respuestas a preguntas jamás formuladas. Y nos escondemos en guaridas lúgubres, altillos llenos de polvo; yacemos ocultos, queremos ser misterios formidables, colores desconocidos, descubrir que no estamos tan solos en esta jungla de vidrio.

Pero estamos solos. Emperadores sin trajes ni máscaras, aunque llenos de poder. Un poder que no es más que una chispita de revolución encadenada, and yet… Son las sonrisas cómplices, las palabras encontradas, el paso en común, and yet… Las risas son solo risas y las rebeliones son sofocadas, vos sabrás. It’s such a pity y nosotros estamos aquí, casi sin ser. Jugamos a dejar las ilusiones de lado, conocer la verdadera piel o saborear la última esencia. Sin ser.

Cómplices o no, terrazas de por medio, vasos de plástico y champagne caro; todavía somos pueblo imitando a esa-gente-fina. Las historias siguen en nuestros paladares, esperan el momento para surgir entre el ruido y las estrellitas. De dónde somos, de dónde surgimos, polvo intergaláctico y meteoros ancestrales, vida. Y qué hacemos acá, personas de humo, dubitativos, motivos filosóficos baratos. Pero somos tan felices, la dicha es dulce y el dolor se llena de flores.

Amanece y nosotros, los brujos, huimos de la luz. Tememos a vernos atravesados por los rayitos juguetones, a olvidar la esperanza inútil, a crecer. Pretendemos ignorar los mandatos sociales, hacemos planes de emigrar; los bosques, los fuegos nocturnos, la idea de escapar. Y así, mientras tanto, seres paganos, seres extraños, habitantes de terrazas ajenas y tan las luces.