un ruego vacío

31 dic. 2015

El idioma encriptado, falsa modestia, quereme: esto es un ruego al vacío, a vos que me mirás callado. Te ofrezco mis días enteros, las charlas vespertinas, las citas a tomar un café. Te elijo, busco tu cara entre la gente. Hoy apuesto por vos, por el traje de abogado y por consolarme en una bellísima mentira (nosotros queriéndonos) y me entrego, dispuesta a perder la cabeza, la cordura y quién sabe cuántas prendas más.

Debe haber alguna suerte de señal, o la suerte misma, que nos reúna, que nos cruce por azar. Necesito creer que estoy en tus planes, que no me querés perder, que esperás a que pase el verano-ingreso, que soy la chica que querés presentar a tu mamá.

Te pido cariño temporal, cuando quieras y solo por un rato. Pero quereme, deséame, besame lejos del embotamiento del alcohol, lejos de la oscuridad de la noche. Buscame a pleno día, caminando por el centro, encontrándome algo para hacer. Pero buscame, quereme, hacé conmigo. Hacé, invítame, te lo pido gritando en silencio, susurrándote vía mensaje.

Quién sabe si te gusto, si lo tuyo es cortesía momentánea o si tal vez hay alguien más. Yo no lo sé, y me pregunto, me pregunto si alguna vez lo vas a decidir. No es tan difícil, insisto, te lo aseguro, mi respuesta es sí.