propósitos (y algo más)

25 dic. 2015

Estamos a nueve días de que empecemos otra vez la máquina de sueños, una sucesión eterna de días (que nos sean felices, que nos sean leves) y acá estoy, perdiendo el tiempo. Debería decir que aprendí, que entendí un poco cómo funciona este engranaje que nos envuelve, que nos involucra a todos; sin embargo, acá estoy, tan niñita tonta, tan ojalá-me-expliques (ocho rechazos y contando) y quizá rogando una oportunidad para poder yo ser.

Este año que empieza, quiero ser más una luz y menos un cóctel de pastillitas rosadas. Tal vez podamos decir que setecientos treinta días se llamen triunfo, de la mano de la responsabilidad y la sensatez. Espero crecer, un carácter más dulce, menos rebeldía por inercia y querer(me) un poco más. No quiero verme en otro, no quiero reflejar las virtudes de turno ni los vicios que nunca-quisiste-en-una-novia. Quiero escribir más, estudiar con ganas de entender, cumplir dieciocho años siendo algo más sabia, aprender a conducir, tener un cargo en la lista, ¿ser Tribus?. No me quiero olvidar de quién soy, no quiero morirme, no quiero dejar de aprender idiomas, no quiero que me olviden.

Dos mil quince suena a expectativas y a purpurina, a dejar, a ser una versión distinta (que distinta signifique mejorada) de esta pobre criatura que quiere crecer. Tal vez en estos benditos trescientos sesenta y cinco días pueda separar el i-ne-vi-ta-ble envejecimiento del miedo irracional a perder la esencia o a olvidarme de lo que soy.

Espero no leer esto un año y experiencias más tarde y arrepentirme, ver que mi vida se basó en derrapar. De cualquier forma, voy a odiarme, versión edulcorada propia que no-sabe-escribir. No pongo punto y final, sigo obsesionada con la frase-solución con la que podés verte dejar un micrófono y sentarte en paz, resuelta, deber hecho, función terminada.

23-12-14