último round

23 ene. 2016

Busco la manera de entenderte, de rogar por una señal pero te vas. Besos con otras personas, noches en vela en hoteles de mala muerte y me pregunto por qué decidirás escaparte, fundirte en alcoholes baratos y amores pagados. Te sumergís en una especie de paganismo dudoso y lográs destruir los sueños de los pobres diablos que quedan.

Solías brillar tanto. Toda la magia yacía en tu sonrisa, en esa manera de caminar. Enfermo de vida, enfermo de gloria. Vos sí eras todas las risas, todos los cuentos que hablan de amor. Mirarte solo arrojaba una conclusión: quererte, loca, agresivamente. Pero quererte.

Y te fuiste desvaneciendo, casi como verte entrando en un otoño. Un otoño que pronto fue invierno y un invierno que casi fue muerte. Muerte sin seres queridos, muerte porque nos alejaste. Muerte porque vos elegiste morirte. Muerte porque empezaste a crear demonios.

Te odio. Te odio con rabia, con la memoria de los veranos. No puedo no odiarte. Elegiste irte, hundirte mil veces, llamarme de vez en cuando, lograr unas cuantas lágrimas de quien te habla y así no logro odiarte. Pero te odio, debo hacerlo –lo dicta la etiqueta, los mandatos sociales y un muy empolvado sentido común.

Así que entre la eterna lucha de entenderte-odiarte, me siento en el medio, decidida a esperar. No sé si lo que te pido es un último round o una despedida. O ambos. Luchá, destruí las voces-pesadillas, reíte por última vez. O no hagas nada, que ese sea tu mensaje. Tal vez te canses de mandar tu vida al mismísimo carajo y vuelvas, cabizbajo, a mis pies. Porque yo soy parte de los demonios, soy otra desgraciada que vive por una risa más (una mirada tuya y me voy, me olvido, me voy).